martes, 18 de abril de 2017

Mensaje Pascual del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,
Feliz Pascua.
Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado. Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).
La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.
Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).
En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión – las heridas de su amor misericordioso – nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.
El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.
Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.
El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.
Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.
Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. El vil ataque de ayer a los prófugos que huían ha provocado numerosos muertos y heridos. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.
Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.
Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.
Que el Buen Pastor ayude a Ucrania, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.
Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.
Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: Era verdad, ha resucitado el Señor. Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua.

viernes, 7 de abril de 2017

En la señal de la cruz - PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Martes 4 de abril de 2017

Hacerse «la señal de la cruz» de forma distraída u ostentar «el símbolo de los cristianos» como si fuera «distintivo de un equipo» o «un ornamento», quizá con «piedras preciosas, joyas y oro» no tiene nada que ver con «el misterio» de Cristo. Tanto que el Papa Francisco sugirió un examen de conciencia precisamente sobre la cruz, para verificar como cada uno de nosotros lleva en la cotidianidad el único verdadero «instrumento de salvación». Estas son las líneas de reflexión que el Pontífice propuso en la misa celebrada el martes por la mañana, 4 de abril, en Santa Marta.
«Llama la atención —hizo notar enseguida, refiriéndose al pasaje del evangelista Juan (8, 21-30)— que en este breve pasaje del Evangelio en tres ocasiones Jesús dice a los doctores de la ley, a los escribas, a algunos fariseos: “Moriréis en vuestros pecados”». Lo repite «tres veces». Y «lo dice —añadió— porque no entendían el misterio de Jesús, porque tenían el corazón cerrado y no eran capaces de abrir un poco, de tratar de entender ese misterio que era el Señor». De hecho, explicó el Papa, «morir en el propio pecado es algo feo: significa que todo muere ahí, en la suciedad del pecado».
Pero después «este diálogo —en el cual Jesús repite tres veces “moriréis en vuestros pecados”— continúa y, a al final, Jesús mira hacia atrás en la historia de la salvación y les hace recordar algo: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy y que no hago nada por mi propia cuenta”». El Señor dice precisamente: «cuando hayáis levantado al Hijo del hombre».
Con estas palabras —afirmó el Pontífice, refiriéndose al pasaje del libro de los Números (21, 4-9)— «Jesús hace recordar lo que sucedió en el desierto y hemos escuchado en la primera lectura». Es el momento en el que «el pueblo aburrido, el pueblo que no puede soportar el camino, se aleja del Señor, habla mal de Moisés y del Señor, y encuentra esas serpientes que muerden y provocan la muerte». Entonces «el Señor dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y la levante, y la persona que sufra una herida de la serpiente, y que mire la de bronce, será sanada».
«La serpiente —prosiguió el Papa— es el símbolo del mal, es el símbolo del diablo: era la más astuta entre los animales en el paraíso terrestre». Porque «la serpiente es la que es capaz de seducir con las mentiras», es «el padre de la mentira: este es el misterio». Pero entonces «¿debemos mirar al diablo para salvarnos? La serpiente es el padre del pecado, la que ha hecho pecar a la humanidad». En realidad «Jesús dice: “Cuando yo sea levantado en lo alto, todos vendrán a mí”. Obviamente este es el misterio de la cruz».
«La serpiente de bronce sanaba —dijo Francisco— pero la serpiente de bronce era signo de dos cosas: del pecado hecho por la serpiente, de la seducción de la serpiente, de la astucia de la serpiente; y también era señal de la cruz de Cristo, era una profecía». Y «por esto el Señor les dice: “cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”». Así podemos decir, afirmó el Papa, que «Jesús se ha “hecho serpiente”, Jesús se “ha hecho pecado” y ha tomado sobre sí todas las suciedades de la humanidad, todas las suciedades del pecado. Y se ha “hecho pecado”, se ha hecho levantar para que toda la gente lo mire, la gente herida por el pecado, nosotros. Este es el misterio de la cruz y lo dice Pablo: “Se ha hecho pecado” y ha tomado la apariencia del padre del pecado, de la serpiente astuta».
«Quien no miraba la serpiente de bronce después de ser herido por una serpiente en el desierto —explicó el Pontífice— moría en el pecado, el pecado de murmuración contra Dios y contra Moisés». De la misma manera, «quien no reconoce en ese hombre levantado, como la serpiente, la fuerza de Dios que se ha hecho pecado para sanarnos, morirá en su propio pecado». Porque «la salvación viene solamente de la cruz, pero de esta cruz que es Dios hecho carne: no hay salvación en las ideas, no hay salvación en la buena voluntad, en las ganas de ser buenos». En realidad, insistió el Papa, «la única salvación es un Cristo crucificado, porque solamente Él, como la serpiente de bronce significaba, ha sido capaz de tomar todo el veneno del pecado y nos ha sanado ahí».
«¿Pero qué es la cruz para nosotros?» es la cuestión planteada por Francisco. «Sí, es el signo de los cristianos, es el símbolo de los cristianos, y nosotros hacemos la señal de la cruz pero no siempre la hacemos bien, a veces lo hacemos así... porque no tenemos esta fe de la cruz» evidenció el Papa. La cruz, además, afirmó, «para algunas personas es un distintivo de pertenencia: “Sí, yo llevo la cruz para hacer ver que soy cristiano”». Y «está bien», pero «no solo como distintivo, como si fuera un equipo, el distintivo de un equipo»; sino, dijo Francisco, «como memoria de aquel que se ha hecho pecado, que se ha hecho diablo, serpiente, por nosotros; se ha abajado hasta aniquilarse totalmente».
Además, es verdad, «otros llevan la cruz como un ornamento, llevan cruces con piedras preciosas, para hacerse ver». Pero, hizo presente el Pontífice, «Dios dijo a Moisés: “Quien mira la serpientes será sanado”; Jesús dice a sus enemigos: “cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy”». En resumen, explicó, «quien no mira la cruz, así, con fe, morirá en sus propios pecados, no recibirá esa salvación».
«Hoy —destacó el Papa— la Iglesia nos propone un diálogo con este misterio de la cruz, con este Dios que se ha hecho pecado, por amor por mí». Y «cada uno de nosotros puede decir: “por amor hacia mí”». Así, prosiguió, es oportuno preguntarse: «¿cómo llevo yo la cruz: como un recuerdo? ¿Cuando hago la señal de la cruz, soy consciente de lo que hago? ¿Cómo llevo yo la cruz: solamente como un símbolo de pertenencia a un grupo religioso? ¿Cómo llevo yo la cruz: como ornamento, como una joya con muchas piedras preciosas de oro?». O «¿he aprendido a llevarla sobre los hombros, donde hace daño?».
«Cada uno de nosotros hoy —sugirió el Pontífice en la conclusión de su meditación— mire al crucifijo, mire a este Dios que se ha hecho pecado para que nosotros no muramos en nuestros pecados y responda a estas preguntas que yo os he sugerido».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 14, viernes 7 de abril de 2017

martes, 21 de febrero de 2017

¿Qué es la Visita Ad Limina Apostolurom?

Se conoce por visita ad limina apostolorum la visita que tienen que hacer los obispos del mundo a Roma para dar cumplida cuenta de sus diócesis. El nombre viene del latín y significa “los umbrales de los Apóstoles”, refiriéndose a los apóstoles san Pedro y san Pablo. El objeto de esta visita no es simplemente la peregrinación hacia las tumbas de los apóstoles, sino, por encima de todo, mostrar una adecuada reverencia hacia el sucesor de san Pedro, para reconocer de una manera palpable su jurisdicción universal, dando también cuenta de la disposición de las iglesias particulares de recibir consejos y advertencias y de esta manera estar estrechamente unidas a los miembros de la Iglesia Universal con su cabeza visible.
En los tiempos más antiguos era costumbre que los obispos visitaran al Papa, e incluso lo visitaban personalmente en circunstancias concretas. Las primeras referencias de esta visita se encuentran en la antigua práctica de celebrar dos veces al año los concilios provinciales de los obispos de Italia, que pertenecían a la provincia del romano Pontífice. En el siglo V, el Papa León I insistió en la custodia de Sicilia enviando cada año a tres obispos a Roma para participar en su concilio. En el siglo VI, Gregorio I declaró que aunque en aquel tiempo los obispos sicilianos estaban obligados a visitar Roma sólo una vez cada tres años, él alargó el periodo a cinco en lugar de tres. Un concilio romano bajo el mandato del Papa Zacarías (año 743) decretó que los obispos que estuviesen consagrados por el Papa, y que viviesen junto a Roma, deberían hacer la visita ad limina cada año y en persona, y los que se encontrasen fuera de Roma deberían de realizar la misma obligación por carta. Una costumbre que gradualmente surgió, al menos a partir del siglo XI, obligó a los metropolitanos que pidiesen la visita, y poco después, a que todos los obispos visiten “los umbrales de los apóstoles” en las veces indicadas, personalmente o mediante un sustituto. El carácter obligatorio de esta visita se puede apreciar en las expresiones de Pascual II , y sobre todo en los decretos de Inocencio III. En los decretos de Gregorio IX, aparece una forma de juramento, en la que los obispos están obligados a que antes de su consagración prometan que visitarán Roma cada año, personalmente o por un representante, a no ser que el Papa determinara otra cosa.
En 1585 Sixto V publicó la Constitución "Romanus Pontifex", que durante más de trescientos años dictó las principales normas y reglas para las visitas ad limina. Este documento, expone detalladamente en qué periodo de tiempo cada obispo, de cualquier parte del mundo, debía de visitar Roma, y qué mandatarios debía de considerar para la elaboración de su informe al Papa. Benedicto XIV (el 23 de noviembre de 1740) en la Constitución "Quod Sancta”, amplió la obligación a los prelados nullius que dominen un territorio separado. Del mismo modo, este Papa estableció una comisión especial “statu super ecclesiarum” para estudiar y valorar los informes de los obispos cuando éstos hubiesen terminado la visita.
La actual normativa de las visitas ad limina se encuentra en el Decreto de la Sagrada Congregación, publicada según la orden de Pío X (el 31 de diciembre de 1909) para todos los obispos. Este decreto declara que cada obispo debe dar al papa una relación completa del estado de su diócesis una vez cada cinco años. Este periodo de tiempo comenzó en 1911. En el primer año del quinquenio el informe debe ser enviado por los obispos de Italia y de los obispos de las islas de Córcega, Cerdeña, Sicilia, y Malta; en el segundo año, los obispos de España, Portugal, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Escocia, y Irlanda; en el tercer año, por los obispos de los Imperios Austrohúngaros y alemanes y el resto de Europa; en el cuarto año, por los obispos de toda América; en el quinto año, por los obispos de África, Asia, Australia, y las islas adyacentes.
En su primer informe, los obispos están llamados a contestar cada pregunta adjuntando un elenchus, pero en las siguientes relaciones deberán aportar los nuevos datos desde la visita anterior e informar de las realizaciones y conclusiones de los consejos y advertencias dadas por la Sagrada Congregación en su respuesta a la última visita. Los obispos cuando van a Roma a cumplir su obligación de la visita ad limina deben primeramente visitar las tumbas de los apóstoles y presentarse en persona ante el Papa. También las órdenes religiosas que residan fuera de Europa están obligadas a visitar la ciudad eterna una vez cada cinco años o cada diez. El obispo puede realizar esta obligación, personalmente, por su coadjutor, por el obispo auxiliar o incluso con el permiso de la Santa Sede, por un sacerdote. Finalmente, el decreto declara que esta visita junto al informe diocesano al Papa, no tiene que ser como la visita canónica de la diócesis, que debe ser realizada anualmente, o, en diócesis grandes, cada dos años.
A este decreto de la Congregación se le añade un elenchus el cual contiene los puntos de la información que debe ser suministrada mediante una relación a la Santa Sede. Brevemente puede ser resumido así: El nombre, edad, y patria del ordinario; el nombre de su orden religiosa, si es que pertenece a una; cuándo es que comenzó a gobernar su diócesis; y si es que se trata de un obispo, cuando fue consagrado. Una declaración general acerca de la condición religiosa y moral de su diócesis y un informe sobre el progreso de la fe desde la última visita ad limina.

jueves, 9 de febrero de 2017

El Papa Francisco clama: ¡Toda vida es sagrada!


Publicado en www.iglesiadeconcepcion.cl el 2017-02-06

“¡Toda vida es sagrada!, ya sea para los niños que están a punto de nacer, o para las personas que están cerca de morir”, aseguró el Papa Francisco.


El Santo Padre realizó esta afirmación con motivo de la 39 Jornada por la Vida que, con el tema “Mujeres y hombres por la vida tras las huellas de Santa Teresa de Calcuta”, se celebra este domingo 5 de febrero en Italia.
El Pontífice recordó las palabras de la Madre Teresa: “la vida es belleza, admírala. La vida es vida, defiéndela”.
Francisco también se dirigió a los prelados locales: “me uno a los obispos italianos en el deseo de una valiente acción educativa en favor de la vida humana. Llevemos adelante la cultura de la vida como respuesta a la lógica del descarte y de la caída demográfica”.
“Juntos rezamos por los niños que están en peligro por la interrupción del embarazo y por las personas cercanas al fin de la vida, para que nadie se quede solo y que el amor defienda el sentido de la vida”.
La Jornada por la Vida se celebra este domingo en todo el territorio italiano con una serie de iniciativas para recordar el carácter sagrado de la vida humana y para promover su defensa en cualquier circunstancia.
Hace unos días el Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y Arzobispo de Génova, Cardenal Angelo Bagnasco, presidió una vigilia durante la cual afirmó que “estoy convencido que una familia que reza no caerá nunca en la desesperación y encontrará siempre el modo de permanecer fiel y firme”.
El Purpurado dijo también que “la misma educación de los hijos encontrará un fundamento seguro pese a las turbulencias de las diversas edades y pruebas”.

sábado, 4 de febrero de 2017

Iglesia de Concepción acompaña a personas afectadas por los incendios

Publicado el 01 de febrero de 2017 en www.iglesiadeconcepcion.cl


Numerosas comunidades y personas de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción sufrieron los incendios forestales que afectan a la zona.

En respuesta a esta emergencia, el equipo de la Pastoral Social Caritas de Concepción se constituyó para hacer frente a esta situación y ver de qué manera ayudar y acompañar afectiva y efectivamente a las personas que sufrieron cuantiosas pérdidas materiales.

En primer lugar se designó como Centro de Acopio Casa de Formación Betania. Luego se tomó contacto en terreno o a través de los párrocos con los sectores y comunas más dañadas: Palomares y Chaimávida (Parroquia Natividad de María); Penco (Parroquia Divino Redentor); Tomé y Dichato (Parroquia Nuestra Sra. de la Candelaria); Hualqui (Parroquia San Juan Bautista); Florida (Parroquia Nuestra Señora del Rosario), Rafael, Lloicura, Los Quillayes (Parroquia La Purísima). El objetivo de esta primera visita fue constatar las principales necesidades y definir la mejor manera de ayudar.

Un segundo paso consistió en canalizar las donaciones y aportes de particulares y empresas, para entregarla inmediatamente a las personas. Precisamente uno de los sectores más afectados fue la comuna de Florida, especialmente las localidades interiores como “Quebrada Las Ulloas”, donde vivía la señora Elvira Morales, quien señala que se le quemó su casa completa. “Quedé sin nada, con la ropa puesta y la pura basura… Se quemó todo nuestro hogar, fue una pena grande, pero gracias a mis familiares y amigos estamos sacando los escombros y limpiando para salir adelante. Gracias a Dios no perdimos mascotas y pudimos salvar la yunta de bueyes”. “Nos quedaremos en el mismo lugar, queremos construir de nuevo otra casa porque aquí somos dueños. Ojalá nos reparen pronto la luz y el agua”.

También en Florida, la capilla San Sebastián de Manco fue arrasada por las llamas. Su animadora, la señora Mery Núñez Rojas, afirmó “fue una pérdida tremenda. Cuando me sentía con pena me venía a refugiar a la capilla, que era más que mi hogar, porque tanto para mí como para muchas personas más aquí estaba nuestra vida espiritual y personal. Fue muy doloroso, por ejemplo, ver a mi madre llorando por la capilla. El 15 de enero habíamos hecho la celebración de San Sebastián con huasos montados y mucha gente, y un par de días después perderlo todo es una tristeza muy grande. Ahora tenemos que tratar de apoyar para que se levante lo más pronto posible”.

Según relató el párroco padre John Escobar, “haciendo un catastro de las 18 comunidades se ve la desolación que ha dejado el fuego, como fue quemando lugares, casas, la mayoría de las capillas está en pie pero muchas familias lo han perdido todo, a puertas cerradas. Los próximos días seguiremos haciendo catastros, visitando lugares y buscando la gente que ha sufrido pérdidas materiales. Agradecemos el aporte de los donantes y de la Diócesis de Santa María de Los Ángeles, que a través del padre Gustavo nos hizo llegar fardos de paja para alimentar los animales”.

El padre Gustavo Valencia, sacerdote de la obra de Don Orione, explicó “del decanato de Los Ángeles decidimos apoyar primero por la cercanía, de lo contrario los recursos se ocupan en petróleo y otras cosas. Lo que hicimos fue concurrir hasta Florida, tomar contacto con el párroco y visitar algunas familias para ver en qué les podíamos ayudar, además de conversar con ellos porque nos hemos dado cuenta que una de las necesidades de la gente es comunicar lo que han vivido, y hay que dejar tiempo para eso”.
El próximo paso es priorizar las localidades, personas y necesidades que se acompañarán, a través de proyectos e iniciativas específicas para reconstruir las zonas y realidades afectadas por los incendios.

Larry Henríquez Bravo, Periodista 
Vicaría de Pastoral Social